Hay algo que he aprendido en los últimos años trabajando en marketing para un portal inmobiliario: por muchos dashboards, modelos predictivos o automatizaciones que tengamos, seguimos operando en un negocio profundamente humano. Y, sin embargo, nunca habíamos estado tan rodeados de tecnología como ahora. Esa aparente contradicción es, precisamente, el punto de partida del momento que vivimos.
Observo a diario cómo evolucionan las búsquedas, cómo cambian los patrones de comportamiento y cómo la inteligencia artificial afina cada vez más la puntería. Pero también veo otra cosa: cuanto más sofisticado es el entorno digital, más exigente se vuelve el cliente con la autenticidad de quien tiene delante. Ya no basta con estar presente; hay que ser creíble.

